Miedo

Tengo miedo. Eso es lo que siento ahora, miedo a fracasar. Pero no cualquier fracaso. Es el fracaso de mis sueños. Y me aterra.

Toda la vida me he preparado para algo que nunca he tenido muy claro. Toda la vida he deambulado, flotando por la corriente de las personas, anclándome en ciertas ideas y grupos hasta el momento de seguir. No he nadado mucho, no realmente. He ejercitado de otras formas, buscando tesoros, lanzando el ancla a ciertas costas que se aparecían en mi deriva. Mis brazos están listos. Tienen la fuerza, tienen la resistencia. Mis convicciones están claras. Mis pasiones despiertas. ¿Y yo? Yo… no sé. No sé si estoy listo. Creo estarlo, quiero estarlo. Pero, a pesar de lo que podría lograr es enorme, a pesar de lo que crearía es mi propia felicidad, el fracaso ya no es algo externo. Ahora afecta mis más profundos anhelos.

Y este miedo paraliza, siembra dudas, ataca tu espina y tu cabeza. Cada movimiento podría estar errado, ir en la dirección incorrecta. Cada segundo que pasa quizás debiera ser un segundo de espera. Pero al final del día tenían que haber sido claramente aprovechados. Sus delicadas y frías garras afirman tu corazón, amenazando con destrozos, desgarros y calamidades. El peso, las cadenas y la guillotina están en ti, amarrándote dentro de tu cabeza. Y al mirar tu mano, te preguntas porqué el guante de verdugo tiene que ser tan negro. El poco de sangre que empezaste a sacar reluce contra la luz de tus ideas. La única forma de ocultarla es apagando tu cabeza. Ahogando las ideas. Rindiéndote al mismo miedo que te agobia. Y no hacer nada. Y dejar los sueños para más rato. Para cuando tengas más fuerzas. Para cuando el miedo deje de existir. Al menos eso es lo que él mismo te susurra al oído, mientras te apuñala el corazón para que no le haga frente.

Ante eso, cómo sigo? Corro, escribo, salto. Creo que me caeré. Más de una vez. Más de dos y tres. El cemento parece duro y no soy tan bueno dando volteretas. Espero poner las manos antes que la cara. Tendré que ser testarudo, pero eso es algo que se me viene bien. De alguna forma tendré que salir adelante. La vida de un caparazón vacío no vale la pena. Sin sentimientos, sólo existir es un letargo infinito. Caer te despierta, te obliga a sentir dolor. Y de felicidad se llora también.

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