La tragedia Trump

Es probable que Trump no termine siendo un presidente caótico, que el Congreso y sus asesores tengan el suficiente criterio y logren guiar su mano. Incluso puede ser que lo haga excelente, sorprendiendo a todo el mundo. También, es posible que todo su discurso fuese basado en estrategias para llegar a personas claves y que no represente su real postura ni enfoque de políticas a ejecutar. Pero esto no es lo importante ni donde radica la tragedia.

Lo que es terrible es cómo ganó. Donald Trump ganó utilizando un discurso basado en el odio, el miedo y la intolerancia. Un discurso xenófobo, homofóbico, misógeno, racisca, basado en mentiras y que aboga por la supremasía blanca. Es que no sólo ganó Trump, ganó su campaña. Y los efectos de aquello ya se están viendo. Así como sucedió el día después al Brexit, se pueden ver los efectos del “Day 1”. Cientos de testimonios en redes sociales de gente perseguida y atacada. Desde gritos hasta golpes y amenazas de muerte, intimidando con cuchillos y pistolas (ver recopilación de Twitter al final del post).

Da lo mismo cómo lo haga Trump. Todos quienes sentían algo de odio racial, homofóbico o de otra clase, se vieron avalados por el Colegio Electoral y sienten que representan el querer de su país. Ya no dudan en mostrar abiertamente esa faceta y atacar a negros, latinos, homosexuales, trans, indios, musulmanes; en fin, a todas las minorías del país. Tal es el miedo que se reportaron ocho suicidios de personas trans la noche de las elecciones. Hay personas que tienen miedo sólo por tener una identidad que al hombre blanco le parece ofensiva. Y reitero, exactamente lo mismo pasó el 24 de junio, el día post referendum en el Reino Unido.

Esto no es un hecho aislado. Esto es consecuencia de un malestar social que se extiende por todo el mundo. Siguiendo la tendencia, hay varios países que se podrían sumar a esto: Francia, Italia, Hungría y Grecia, entre otros. El rechazo a la globalización y alimenta los sentimientos nacionalistas de quienes se sienten abandonados por la clase política y ofrecen un cambio al paradigma actual. Nos falta empatía, dejar de ver a las personas por su nacionalidad, su raza, su religión, su identidad de género o su orientación sexual. Tenemos que verlos como personas, como iguales. En caso contrario, seguiremos por el mismo camino y sufriremos muchos más días como el de ayer.

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