Memories

Que dichosa puede ser la memoria. Es el rastro de nuestros momentos más felices, un refugio de alegrías. El único registro de aquello que alguna vez sucedió. También es poseedora de nuestros más profundos sueños y anhelos, los cuales se vuelven indistinguibles de los recuerdos a medida que éstos se vuelven borrosos y difusos con el tiempo. Según toman tal distanciamiento de la realidad, terminan siendo tan fantasía como nuestra imaginación. O incluso más, dada nuestra convicción interna de que los hechos sucedieron tal y como los recordamos. En cambio, con los sueños no ocurre lo mismo, sabemos que siempre fueron un deseo de nuestro ser y la dicha asociada puede llegar a ser inagotable, puesto que si se cumplieron, han alcanzado el destino más magnífico de cualquier sueño. Y caso contrario, al menos tenemos como testamento la alegría del pensamiento y la ilusión de vernos victoriosos en un futuro; además del regocijo de nuestro pasado ambicioso y soñador. La pasión de los enamoramientos, aunque sean de amores contrariados, los sueños de niñez y las ambiciones adolecentes que se convierten en metas de adultos.

Y aunque también es poseedora de tristeza, frustraciones y decepciones, con la rabia y la ansiedad a la vuelta de la esquina; finalmente, todo depende de donde queramos ir y que giro tomemos en la ruta de los recuerdos. La desesperanza la encontraremos al final de cada camino si es eso lo que buscamos. En cambio, el recuerdo de las fantasías y ambiciones, y la felicidad que evocan debe ser buscado y añorado. Es efímero, víctima de una mortalidad inminente y un deterioro repleto de fantasmas olvidados intentando hacer un último acto de presencia. No poseen fecha de caducidad ni un obituario de recuerdos. Mueren sin dejar rastro alguno. Mas, si bien no existe quien pueda defender su existencia en la historia dado que el único ser que fue testigo de ellos los borró de su realidad, dejan una huella indeleble en la persona que alguna vez los portó. Por más que queramos esconder nuestra memoria y anhelos bajo llave en una caja preciada, nuestra vida y comportamiento es un fiel testamento de lo que llevamos dentro, otorgándoles una gran ventana por la cual solo los más observadores lograrán ver.

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