Parásito de la felicidad

Tal como un virus, utilizas lo que está a tu alcance para llegar donde sea. Necesitas un individuo donde hospedarte. Esparcirte de cualquier forma posible. Esperas. Al momento preciso. Y ante la más pequeña entrada te escabulles sin pensarlo.

Usas a cualquier portador. Cual máscara, termina siendo un caballo de Troya. Nunca sabemos dónde te esconderás con certeza, pues esa misma preocupación es signo de que ya entraste. Sin embargo, la peor maldición es la que conlleva tu máscara favorita.

Pensar que nuestra propia dicha sería capaz de destruirnos tan fácilmente. Cual parásito, pasas desapercibido en tal enormidad de emoción. Y esperas. Silenciosamente, es la misma alegría que buscamos y gozamos, quien trajo la ansiedad a nosotros. Pues ante el menor signo de debilidad o duda atacará sin piedad. Y la misma alegría nos atormentará ante la visión de una posible pérdida. Mientras la fuente de aquella felicidad siga presente, la ansiedad se alimentará y fortalecerá con las dudas y miedos que ella misma implanta. Dicho ciclo, virtuoso para sólo ella misma pero vicioso y destructivo para nosotros, no es fácil de interrumpir. Aún cuando la alegría logra sobreponerse eventualmente a nuestra angustia, eso sólo será temporal. Volverá a atacar y con mayor fuerza.

Finalmente, buscando una salida, intentaremos guiarnos a una liberación un tanto suicida. Cortar lazos con la felicidad. Al dejarla ir nos deshacemos también del parásito que la contaminaba. Dicho dolor eventualmente desaparecerá y será un alivio frente a la angustia constante provocada por la ansiedad que invadió nuestra felicidad.

Sin embargo, eso no es más que un mero engaño. El parásito sigue vivo y más fuerte que nunca. Simplemente buscará un nuevo anfitrión, tomará una nueva máscara. Y volverá a atacar antes de que nos demos cuenta. La única solución consiste en enfrentarlo. En desnudarnos frente a nuestros propios miedos, aceptarlos y arrancarlos. Tener la suficiente confianza en uno mismo como para saber que sea como sea seguiremos adelante y que por mayor el desafío o incógnita que se nos ponga por delante, mientras de lo mejor de mi, no tendré nada de que arrepentirme. Aprender a aceptar el presente y gozarlo. Así, lograremos extirpar el parásito de nuestra felicidad, para poder gozarla plenamente y sin reparos.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s