destellos en la infinidad

¿Qué nos espera después de la vida? ¿Qué nos depara el más allá? O, por qué debiera importarme? La inevitabilidad de la muerte es algo que no se le perdonará a nadie, nos vendrá a buscar a todos por igual. Dependiendo de las creencias personales de cada individuo la forma en que pasará la siguiente etapa, si es que hubiese una realmente, será distinta. Aún así, el fin de vivir preocupados de algo de lo cual no tenemos ni la más mínima certeza se me escapa. Doctrinas, límites y preocupaciones por montones. Puede que finalmente no exista nada, o peor aún, que estemos haciendo algo completamente erróneo! Quizás después de la muerte tengamos que saltar en motocicleta a través de cinco aros de fuego para conseguir avanzar a una siguiente etapa… Definitivamente, no estoy preparado para aquello. (Y dudo que el 1% de la humanidad lo esté, por muy devotos que hayan sido durante su vida entera. No quiero ni imaginar su cara de sorpresa ante semejante desafío, ni su frustración por las privaciones propias de cada religión).

Por otra parte, la vida acá seguirá. Puede que personas sufran por nuestra partida (o se alegren dependiendo de nuestros actos), pero finalmente continuarán con sus vidas. Los árboles seguirán creciendo, las estaciones pasarán, las hojas caerán y los continentes seguirán a la deriva. El mundo y el universo han estado por mucho tiempo presentes, desde antes de nuestra existencia y seguirán existiendo por un tiempo de infinidad inconmensurable.

En comparación, nuestra existencia no logra ser ni un destello en la existencia. Una partícula de polvo flotando en una tormenta de arena…

Sin embargo, dicha infinidad no tiene importancia alguna para nosotros. Nuestra presencia en el mundo queda sujeta a nuestra misma existencia. Esta vida es lo único que llegaremos a conocer. Salvo por nuestro grado de conciencia y curiosidad que nos lleva a revelar las incógnitas del pasado e intentar adivinar lo que nos depara el futuro, lo único que experimentaremos será nuestra vida misma. Y no hay nada más que eso. Excepto una satisfacción del ego, la trascendencia en el tiempo no nos aporta en nada; no extenderá nuestra experiencia en el mundo. Así, la gran mayoría de nuestras preocupaciones son una nimiedad en comparación al valor único de nuestra propia existencia. Nuestro libro empieza y termina donde nosotros lo hacemos, con un prólogo que cuenta el contexto del mundo al cual llegaremos y epílogo que jamás conoceremos.

De esta forma, más que procurar mantener a este u otro dios contento, mantengamos la armonía con nosotros mismos. Completemos nuestras propias metas, sigamos nuestros sueños y busquemos la felicidad que nos podamos otorgar. En el fondo, la única persona con la que podemos contar completamente para aquello somos nosotros mismos. Así, tomaré mi guitarra, abriré un libro o llenaré mi copa. Saldré a caminar por una plaza o a perderme en las montañas. Escribiré mis propios capítulos, dignos de leer por mi propia persona, puesto que es a quien más quiero llegar. En el camino podré encontraré a alguien con quien escribir capítulos en conjunto, compartiendo un tramo de nuestra existencia; pero siempre he de recordar que cada uno tiene su propio libro por llenar.

El universo seguirá su curso por siglos, milenios y eones después de mi. Sin embargo, mi vida se acaba conmigo y como tal la he de disfrutar.

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