Belleza sutil

Era tan fácil. Era así de simple. Un mundo entero por descubrir y medio mundo realmente desconocido. Donde los mapas eran simples bosquejos de los recuerdos colectivos de un ser. Donde dentro de un bosque y más allá había un mundo desconocido y otro mundo completo por descubrir al otro lado del océano. Un mundo conocido por otros seres, tan distintos que nunca pudimos aprender sus secretos. Tan distintos que nunca nos dimos cuenta de lo conocido que era dicho mundo tan nuevo para nosotros.

Esta conexión actual nos hace conocernos de tal manera que ya no tenemos casi nada por descubrir. Ahí hay alguien que ya lo vio. Hay alguien que sus secretos ya develó y desnudó frente a la humanidad. Hay alguien que siguió la más nimia de las pistas, siguiéndole por senderos en medio de una humanidad tan poblada que nos ocultamos unos a otros, hasta llegar a cada individuo con su historia correspondiente. Descubrir no es una tarea fácil. Más aún cuando las nuevas maravillas no son apreciadas por todos. No nos quedan Colosos o faros milenarios escondidos tras bosques o tierras inhóspitas. Los satélites y la tecnología nos han quitado dicho placer en pos del desarrollo de la civilización y la humanidad… hasta cierto punto.

Los descubrimientos actuales son más sutiles, casi exclusivamente circunstanciales e íntimos. Así como la tranquilidad de una noche sobre una banca en un parque oculto por los edificios que afloran con cada vez más rapidez. Así como la única persona en un edificio de cristal, manteniendo todo el piso iluminado en la madrugada; la única luz en la cuadra. Así como las mismas tres luces del edificio de en frente, las únicas personas despiertas junto con las cinco otras parejas haciendo el amor en este momento. Todo eso está ahí, esperando ser descubierto y apreciado, ser alcanzado, simplemente ser percatado. Te espera, con los brazos abiertos, estático, esperando que corras a su amparo. Pero primero has de verlo, has de prestar atención. Has de levantar la cabeza y observar con detención. No es evidente, no salta a la vista, pero ahí están. Prestos a ser reclamados por alguien. Alguien que se percate, alguien que los atesore, alguien que descubra su naturaleza.

No es fácil ser descubridor. Tienes que estar explorando lo desconocido, a pesar de no saber que es. Tienes que buscar exactamente aquello que está ahí, sin ser visto por nadie, invisible a todos. Pues ahí está esperando, con los brazos extendidos, cual amante tras un largo día, cual pareja luego de un largo viaje. Y es que nunca has estado ahí, nunca te has percatado ni has puesto la atención suficiente. No te has fijado en la belleza de su naturaleza, ni del significado que está esperando dentro de ti. Pero todavía no es tarde, puede que aún tengas tiempo. Puede que encuentres justo aquello que sin saberlo estás buscando. Puede que se esté acercando a ti. Puede que esté más cerca de lo que piensas. Tan solo mira, observa y juega. Pero, por sobre todas las cosas, no dejes de buscar ni de sorprenderte.

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