Ciudad gris

La inseguridad y la desconfianza han inundado a esta ciudad. Las calles están más grises que nunca. Una mezcla de concreto y acero, rodeado por sombras ambulantes. El cuidado se ha llevado al extremo de evitar cualquier contacto humano. Así es como evitamos usar nada que nos permita reconocernos y nos transformamos en parte de la masa caminante. Alambres de púas cercan nuestros edificios, mas la verdad es que ni los ladrones actúan ya; la desconfianza en el resto ha acabado con ellos también. Así caminamos, evadiéndonos unos a otros, mirando al suelo que dicta nuestro camino. Sin detenernos, sin mirar. Y es que no hay nada que mirar. Ya nadie piensa en la libertad, en el amor o siquiera en el afecto; ya nadie siente nada. Y quienes lo han hecho han sido encerrados hasta el olvido. Igual de encerrados que este mundo; atrapados por la cotidianidad, encarcelados por la realidad que nos rodea. Y no es sólo un tema de la gente corriente, de los trabajadores y esforzados. Ya no hay conspiraciones secretas de los altos mandos y poderes. Ellos también han caído, están sumidos y atrapados en la misma realidad que todos nosotros, absorbidos por el terror de este mundo. Nadie ha logrado salvarse.

Y nunca llegará el día en que la gente logrará algo distinto, la gente no cambiará. La gente no envejece ni nacen nuevos individuos. Los individuos ya no existen. Somos las meras copias de nuestros antepasados. Cada cierta cantidad de años abandonamos nuestro cuerpo actual para pasar a un clon nuestro más joven. El sueño legendario se ha vuelto realidad, pero el motivo para querer la inmortalidad hace largo tiempo yace olvidado. Cualquier motivo ha sido absorbido, procesado y digerido por esta realidad. Nuestra rutina domina nuestras vidas, en donde el paso de los días ya poco importa. Donde ya nada más nos importa a nosotros mismos. Una sociedad inalterable, puesto que no sabemos qué es el ser alterado. Simplemente, no sabemos qué es eso, no existe en nuestro vocabulario. Ni la naturaleza interfiere en nuestro vivir.

Este mundo del cual la lluvia se ha olvidado. Las nubes pasan sin ser percatadas por ser alguno y la ciudad, con todo su artificial ser, las rechaza y repele. El viento hace tímidas apariciones, pudiendo entrar en forma de imperceptibles brisas; cuidando no hacer mucho ruido. Si alguien lo percata, podría ser desterrado por completo. No hay nada que interrumpa esta cotidianidad tan segura. No hay forma de alterarlo.

Es por eso que me aferro a tus mensajes. Existe otro mundo, otra realidad. No sé dónde se encuentra, no sé los límites de mi realidad, porque no es algo que se pregunte. Es algo que quedó olvidado hace varias épocas. Tu mundo es extraño en el sentido que no puedo imaginar su funcionamiento. Pero me has hecho despertar de esta realidad. La fortuna jugó su mano y llegó a mí. He logrado entender este mundo de forma distinta.

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