Post-mortem

Es tan difícil la vida después de la muerte. Porque sí, existe la vida después de la muerte. Pero es aburrida. Es cierto, al haber muerto esa preocupación ya no existe (y no existe nada después de la muerte, lamentablemente), pero ese miedo inminente es lo que nos impulsa a vivir con pasión. Es lo que hace que valga la pena luchar por algo, querer hacer cambios, querer dejar un legado. Ahora eso ya no existe, se ha desvanecido por completo dejando un espacio difícil de llenar. Mal que mal vivimos toda nuestra vida de tal manera, no es un hábito fácil de dejar. Así, todas las cosas que hacemos o podríamos hacer no tienen un sentido real. Siempre lo podrás dejar para más rato, el tiempo no se nos acabará. Cuando el Sol deje de iluminar seguiremos estando allí; no hay muerto que vuelva a morir.

Además, no estamos sujetos a las restricciones vinculadas a la vida. Podemos dejar de dormir, comer y ya ni respiramos. Es realmente difícil jugarle una broma a alguien, puesto que ni siquiera somos corpóreos. Las bromas infantiles ya pierden todo el sentido: si alguien se cae no siente nada, por lo que ya no es gracioso (y eso que es muy difícil que algo sin cuerpo se logre tropezar, lo he intentado varias veces). Las risas requieren de mucho esfuerzo, y nadie se preocupa, aunque no es como que tengan algo mejor que hacer.

Los únicos que tienen algo de diversión son los que logran regresar al mundo de los vivos y juegan con ellos. Los asustan, se aparecen y persiguen a quienes quieran. Es la única forma de sentir el paso del tiempo y hacer que valga la pena, no por nosotros mismos, sino porque los vivos tienen tiempo limitado. Si quieres aprovecharlos tienes que apurarte, puesto que en cualquier momento se pueden morir. Sin embargo, el poder volver es un proceso bastante tedioso con cláusulas absurdas y que quitan más de la mitad de la diversión del proceso. Con decir que no puedes seguir a la misma persona por más de una semana… Patrañas!

La búsqueda por encontrar algo que valga la pena me ha llevado hasta acá. En uno de los confines de este mundo podré estar más concentrado, lejos la multitud milenaria que se cree dueña del lugar. Su mentalidad anticuada es lo suficientemente irritante como para alejar al más benevolente de nosotros. ¡Si los vivos supieran lo atrasados mentalmente que han quedado sus ídolos de antaño! Los siglos de desarrollo de la humanidad tardan un par más en llegar a este lugar y acá los tercos no tienen donde irse ya. Por suerte el espacio es amplio y encontrar un rincón de paz no es complicado. No he podido conseguir mucha ayuda, un muchacho con cara de aburrido pero con una chispa peculiar en sus ojos ha decidido seguirme. Una idea es todo lo que necesito, una forma de llegar a los espíritus más inquietos. Constituir una fuerza inmortal (o ya-no-mortal) que nos empuje a crear algo. No soporto ser la basura estancada del universo, algún grano de arena o un pequeño aleteo. Eso es todo lo que quiero lograr.

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