Sometimes I forget

Sometimes I forget
This was all my fault
It’s not entirely coincidental
Ignoring that makes me happier
I’m sure it’s not the same for you
I ignored your words
And your world
And that you’ve been through this before

Still, I forget
Makes wondering easier
What ifs appear only on the face of uncertainty
That which I killed
But with nothing else to hold on
A false happiness soothes my soul

A farce
This is all a farce
The false life I chose
Even if I don’t want to admit it
This caffeine-free concentrate-made glimmer of joy is all I’ll get
And I’m fine with it
I’m fine with anything
My hope is artificial
Cause sometimes I forget
And oblivion is my drug

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Terror come-niños

Ay no, no de nuevo. Me desperté y quiero ir al baño. Pucha, me pasa esto todas las noches. Es que me persiguen los fantasmas cuando tiro la cadena. Pero ya sé que tengo que ir, ya lo he intentado y no puedo dormirme de nuevo. Voy, hago pipí y ya no sé qué hacer. Sé donde están los interruptores, ¡pero la luz es lo único que le da miedo a los fantasmas! Pero mi mamá me reta si dejo la luz prendida. ¿Y si no tiro la cadena? Así los fantasmas no aparecen. No, no puedo. Ahí me retan peor. Ya, bueno, ahora me atrevo. Uno, dos, y… No, no, espera. No estoy listo, me tengo que lavar las manos. Ya, ¿ahora? Voy a contar hasta cinco. Uno, dos, tres, cuatro… uf… ¡cinco! Corro, corro. Ya suena mucho. Apago el baño, el pasillo. Miro cómo está mi cama, apago la luz y salto. ¡Llegué! No me atraparon. Ahora me escondo bajo las sábanas y puedo dormir de nuevo.

Miedo

Tengo miedo. Eso es lo que siento ahora, miedo a fracasar. Pero no cualquier fracaso. Es el fracaso de mis sueños. Y me aterra.

Toda la vida me he preparado para algo que nunca he tenido muy claro. Toda la vida he deambulado, flotando por la corriente de las personas, anclándome en ciertas ideas y grupos hasta el momento de seguir. No he nadado mucho, no realmente. He ejercitado de otras formas, buscando tesoros, lanzando el ancla a ciertas costas que se aparecían en mi deriva. Mis brazos están listos. Tienen la fuerza, tienen la resistencia. Mis convicciones están claras. Mis pasiones despiertas. ¿Y yo? Yo… no sé. No sé si estoy listo. Creo estarlo, quiero estarlo. Pero, a pesar de lo que podría lograr es enorme, a pesar de lo que crearía es mi propia felicidad, el fracaso ya no es algo externo. Ahora afecta mis más profundos anhelos.

Y este miedo paraliza, siembra dudas, ataca tu espina y tu cabeza. Cada movimiento podría estar errado, ir en la dirección incorrecta. Cada segundo que pasa quizás debiera ser un segundo de espera. Pero al final del día tenían que haber sido claramente aprovechados. Sus delicadas y frías garras afirman tu corazón, amenazando con destrozos, desgarros y calamidades. El peso, las cadenas y la guillotina están en ti, amarrándote dentro de tu cabeza. Y al mirar tu mano, te preguntas porqué el guante de verdugo tiene que ser tan negro. El poco de sangre que empezaste a sacar reluce contra la luz de tus ideas. La única forma de ocultarla es apagando tu cabeza. Ahogando las ideas. Rindiéndote al mismo miedo que te agobia. Y no hacer nada. Y dejar los sueños para más rato. Para cuando tengas más fuerzas. Para cuando el miedo deje de existir. Al menos eso es lo que él mismo te susurra al oído, mientras te apuñala el corazón para que no le haga frente.

Ante eso, cómo sigo? Corro, escribo, salto. Creo que me caeré. Más de una vez. Más de dos y tres. El cemento parece duro y no soy tan bueno dando volteretas. Espero poner las manos antes que la cara. Tendré que ser testarudo, pero eso es algo que se me viene bien. De alguna forma tendré que salir adelante. La vida de un caparazón vacío no vale la pena. Sin sentimientos, sólo existir es un letargo infinito. Caer te despierta, te obliga a sentir dolor. Y de felicidad se llora también.

Identidad sexual

Mi Identidad sexual no pasa por un “correcto” uso de los pronombres. A mi no me importa. Soy un hombre heterosexual cisgénero (y “blanco” en mi contexto social/país), nadie se va a equivocar con el pronombre a usar. Entiendo la importancia política y personal que esto tiene para la gente trans, por eso parto por este disclaimer.

Pero mi “no-importar” igual es político. Es porque creo en la igualdad de género, porque soy feminista. Por lo mismo no me importa que digan “todas” en un grupo mayoritariamente femenino en el que estoy presente. Yo mismo usaré el todas, incluyéndome en esos casos. Es político, porque cada vez que un macho me trate despectivamente de “ella” o de “gay” , porque no se puede su misoginia ni su homofobia, estaré feliz de ser desmarcado de esa persona.

Me identifico como hombre, pero mi identidad no depende de cómo el resto me trate. Es mía, decidida por mí, ejecutada por mí. Con mis términos, con mi propia definición de masculinidad, como a mí se me plazca.

La tragedia Trump

Es probable que Trump no termine siendo un presidente caótico, que el Congreso y sus asesores tengan el suficiente criterio y logren guiar su mano. Incluso puede ser que lo haga excelente, sorprendiendo a todo el mundo. También, es posible que todo su discurso fuese basado en estrategias para llegar a personas claves y que no represente su real postura ni enfoque de políticas a ejecutar. Pero esto no es lo importante ni donde radica la tragedia.
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Terror blanco

La muerte no es blanca. La muerte es negra, donde no cabe ningún ser más. No te da espacio para agregar nada. No, la muerte no es blanca. Pero tampoco lo es la vida. Blanca es la desesperación, blanca es la incertidumbre. Es el lienzo donde todo cabe. Donde todo tiene espacio para existir. Donde puedes poner cualquier producto de la imaginación. Pero donde no están. En el lienzo blanco no hay nada, no existe nada y no se imagina nada. En el lienzo blanco los objetos no tienen sentido, las fantasías se acaban y las ideas se diluyen. Finalmente, la luz te enceguece. Te absorbe y te anula. Blanca es la soledad. Blanca es la hoja donde no pudiste escribir. Es la hoja que viene después de esta.

Con el alma en los dedos

La pasión alimentó su ser por décadas. No había alternativa, no había dinero para nada más. No había ni patria a la cual rendirle honores. Sólo quedaba la música y, afortunadamente, era todo lo que su alma pedía. Decía que su amor se convirtió en el sustento de su vida; y no sabía cuán literal serían esas palabras. Continue reading “Con el alma en los dedos”

Surrender

I gave in.
I gave in to the pain.
I gave in to you.

I needed to.
I needed to let go.
To stop being in control.
To stop holding me back.

To release the reins of myself.
And to see for once who I really am.

That person, who I didn’t want to see.
That person, who I didn’t want to acknowledge.
That person, struggling to surface;
to be seen;
to be accepted.

Will I be able to cope?
To put the pieces back together?
Or to validate the state I am in?

To forgive myself?
To put my hand on my back and to support myself?
To lull myself to sleep?
To give me peace?
To let the real me wake up?

Maybe I will.
But at least,
I’ll try,
for me.

Luz

El amanecer descubre la realidad oculta por horas en su habitación. Lentamente, la luz del Sol se abre paso en la oscuridad, buscando su destino inevitable.

A pasos agigantados se abre camino. A toda velocidad en su trayecto encuentra una botella. Transparente, está ya casi vacía. Atravesarla no es problema.

Por un instante, observa a su alrededor. Las cuerdas están en su altar. La copa permanece en su lugar. Y el cuaderno se encuentra en la posición destinada.

Lo que contiene es de inigualable valor. Sus caracteres manuscritos yacen escondidos tras la pluma cereza. Pero eso no representa problema alguno; puede leer de todas formas. “Peluda pelusa esponjosa sobre el mueble de mis libros”. Eso está cerca, pero es el segundo intento el que da con la clave.

Se acerca raudamente, atenta a todos los signos, escucha con cautela. Grave como el trópico tormentoso, durmiente como la calma que genera. El murmullo de una muerte en retirada se hace cada vez más fuerte y su destino está a un solo paso. El frío cementerio de un fénix por nacer. Un mero rayo basta. Una minúscula luz de amanecer para vivir nuevamente y regresar al juego.

A la deriva

Estoy flotando en un mar turbulento. Rodeado de congoja, amenazado por la desesperanza. No estoy presente, tampoco estoy en el ayer ni en el mañana. El mar me trajo a un lugar completamente distinto.

Sigo flotando, interna y eternamente. Mi cuerpo comparte el espacio contigo, pero es un cascarón completamente vacío. No pertenezco a este lugar, soy un extranjero en mi propio hogar.

Doy manotazos para no ahogarme. Mis ojos gritan, pero los escondo tras unas gafas oscuras. Extiendo mi mano a ti, pero nunca la tomarás. No es parte de mi cuerpo, no la puedes ver.

Sigo flotando, interna y eternamente. La marea me arrastra y ya te dejé atrás. Puede que llegue a otra persona, pero la tierra no está cerca. Continuaré a la deriva hasta agotarme, hasta hundirme o, quizás, hasta encontrar donde aferrarme y descansar.